La rosa es una contradicción de la naturaleza. Es tan bonita y sus pétalos se ven tan suaves que invitan ser tocados. Su hermosura engaña hasta que uno se atreve a tocarla. ¡Pobre él que cae a su hechizo!
Esto me recuerda de la ocasión que mi niña mayor (tenía como 9 años entonces) estaba admirando una rosa roja. Se acercó para disfrutar de su aroma. Aprovechándose de este corto momento de descuido, la hermanita menor (6 años de edad) decidió empujarla al rosal. El resultado fue una niña toda rasguñada y la otra culpable, niña chiflada, castigada.
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