El hambre puede ser una cosa buena. No hay nada más satisfecho que sentarse a comer un buen platillo cuando uno tiene mucha hambre.
Mi hija menor se quejaba mucho cada vez que cocinaba spaghetti para la cena. Después de una gran caminata en las montañas de Colorado, preparé el spaghetti. Ella estaba encantada. No oí ninguna queja ese día. Al contrario, me dijo que eral el mejor spaghetti que había comido toda su vida entera (a la edad de 5 años). La clave fue que ella estaba bien hambrienta en ese momento.
Ahora, cada vez que regresamos a esas caminatas, incluimos el spaghetti en el menú porque sé que nos va a dar mucha hambre.
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